El cuello, la oreja, el pecho, la
parte baja de la espalda y, por supuesto, los genitales. El
cuerpo del hombre está lleno de zonas erógenas. Ahora sólo
tienes que descubrirlas y aprender qué puedes hacer con, sobre y
en cada una de ellas. El hecho de que sean sitios inesperados en
donde es muy probable que nunca antes le hayan tocado añade una
dosis de picante y se convierte en una de las zonás erógenas
masculina.
No hace falta ser un genio para
saber cuál es el lugar de su cuerpo que tu chico espera que
colmes de atenciones y mimos varios. Pero por fortuna en la
anatomía masculina hay otros tantos puntos lujuriosos que,
debidamente estimulados, llevarán a tu hombre a cotas de placer
superiores a las que está acostumbrado. Según los expertos
estimular estos puntos le resultará superplacentero y creará
cierta tensión sexual que incrementará el flujo sanguíneo en
dirección a los genitales. Esta excitación intensificará sus
contracciones pélvicas y potenciará el orgasmo. El hecho de que
sean sitios inesperados en donde es muy probable que nunca antes
le hayan tocado añade una dosis de picante y se convierte en una
de las zonás erógenas masculina. He aquí el mapa de sus puntos
escondidos más potentes y la guía para activarlos al máximo.
El
punto G
La próstata del hombre (esa glándula del tamaño de una avellana
que se localiza bajo su vejiga) es el botón mágico para volverlo
loco de placer. Para estimularlo, mientras le das sexo oral o
durante la penetración, coloca dos dedos sobre la piel que está
entre sus testículos y el ano. Su próstata está situada en ese
punto, aunque en el interior del cuerpo. Al presionar justo ahí
lo que haces es rozarla de forma indirecta. Cuando sientas que
tu chico está a un paso del orgasmo, presiona el área
rítmicamente una vez por segundo hasta que llegue al clímax. Y
si quieres, y él se atreve con una técnica más potente,
estimúlale analmente. Cuando estéis en la postura Kamasutra del
misionero o en la de la cuchara (de lado), acaríciale alrededor
de su "puerta trasera". Si no se queja ni pierde intensidad en
la erección, es que tus movimientos le gustan.
¿Quieres dar un paso más? ¡Lo volverás loco! Pregúntale si puedes penetrarle. A
unos tres centímetros de profundidad y hacia la parte delantera
de su cuerpo sentirás una protuberancia redonda, ésa es la
próstata. Puedes tocarla ligeramente o acariciarla con la punta
del dedo, con movimientos rápidos y firmes o más lentos. No
olvides tener las uñas cortas, usar mucho lubricante y estar
pendiente de su reacción.
¿Quieres que él goce el doble?
Prodúcele un mayor placer estimulando su punto G al mismo tiempo
que le practicas sexo oral o cuando él te esté penetrando.
El
punto C
La oreja también tiene su punto G y, concretamente, el borde
exterior de la misma, es otra zona superexcitante. Esta firme
prominencia cartilaginosa en forma de C alberga una gran
cantidad de nervios. Bésale en el cuello lentamente y ve
desplazando tus labios hacia la parte trasera de la oreja. Apoya
los labios en la zona alta del pabellón auditivo y recorre el
borde de modo que roces la parte trasera y delantera de la oreja
al mismo tiempo. Cuando sientas que su nivel de excitación está
a tope, habrá llegado el momento de mordisquear y succionar su
punto C. ¿Un toque extra? Acaríciale los genitales al mismo
tiempo y con el mismo ritmo. Lo volverás loco porque es una de
las zonas erógenas masculinas más demandadas por ellos.
El
punto 8
Este rincón es una bomba de placer . Coloca el
dedo en la base de su pene, en el punto exacto donde se une a
los testículos. Esta zona está recubierta de un tejido igual de
sensible y eréctil que el del pene. Dibuja con la punta del
dedo un anillo alrededor de la base de su miembro (ésa es la
parte superior del ocho), entonces dibuja otro alrededor de su
escroto justo en donde se adhiere al cuerpo (ésa es la parte
inferior).
Durante los juegos sexuales previos dibuja ese ocho imaginario
con el dedo o estimula una mitad con la lengua mientras
acaricias la otra. Para multiplicar las sensaciones, alterna los
movimientos y así no sabrá qué es lo que vas a hacer a
continuación. Haz círculos con la lengua alrededor de los
testículos, esta es otra manera de excitar esas zonas erógenas
masculinas y, al mismo tiempo, presiona suavemente la base del
pene. Este pinzamiento retiene la sangre en la zona y prolonga
la excitación un poco más. Otras ideas sexys: sujeta una taza de
agua caliente durante unos segundos y después coloca tus manos
tibias sobre la zona. El calor intensificará la sensación de
cada movimiento.
El
punto W
Dile a tu chico que se tumbe boca arriba, siéntate sobre él y
coloca un dedo en uno de los laterales del pecho. Recorre el
borde de su pectoral hacia abajo, desplaza el dedo hacia el
centro y después hacia arriba para hacer el mismo movimiento
pero a la inversa en el otro lado. Esta postura kamasutra es
como si dibujaras una uve doble. Empieza con una caricia firme
(ponte un poco de lubricante en la yema del dedo para que el
roce de la piel sea más placentero) y luego repite el movimiento
de forma más suave, con la mano o con la lengua. Cuanto más
despacio le toques más excitarás todos los nervios que están
bajo la piel. Alterna las caricias hacia delante y hacia atrás a
lo largo de todo el punto W y no te olvides de prestar especial
atención a sus pezones. Aumenta la presión y tócalos cada vez un
poco más fuerte para que se concentre más sangre en la zona y la
sensación de placer se intensifique.
El
punto F
En uno de los lados del pene, justo por debajo del glande, hay
una línea fina extremadamente sensible: el frenulum o frenillo.
Es cierto que muchas mujeres tocan el punto F durante el sexo,
pero la mayoría ignora cuál es la mejor técnica para estimularlo
igual que se estimula el punto G. Cuando le practiques sexo oral
procura que tus dedos estén sobre el frenillo.
Mueve la mano y la boca al mismo tiempo hacia delante y hacia
atrás, asegurándote de llegar hasta la punta del pene para rozar
el punto F en cada movimiento. Y durante el coito, por ejemplo,
coloquense en una postura (como el misionero o estilo perrito)
en la que sea él quien haga casi todo el movimiento a la hora de
penetrarte. De esta forma él se ocupará de que su frenillo
consiga la máxima fricción.
El
punto X
Dile a tu chico que se tumbe boca abajo con las piernas juntas.
Verás que la hendidura que queda entre sus nalgas (el pliegue en
el que cada nalga se encuentra con la parte posterior de sus
muslos más los pliegues de la parte interior de sus muslos)
forma una X. Acariciar el punto X es excitante porque te acercas
al ano, al perineo y a los testículos sin tocarlos directamente.
Dale un masaje en la espalda y
desliza las manos hasta el trasero. Presiona con cada mano el
pliegue de ambas nalgas (donde se unen con los muslos) y, poco a
poco, acerca los dedos entre sí.
Cuando se encuentren en la mitad
desliza un dedo en dirección a la espalda mientras que con el
otro presionas hacia la zona interna de los muslos. Alterna los
movimientos para mantener el factor sorpresa y, para poner la
guinda, lámele el centro de su punto X o su punto G, justo donde
las dos líneas se cruzan.
El
punto R
Los testículos son extremadamente sensibles y,
de hecho, hay un pequeño punto que, bien estimulado, le lleva al
placer total antes que cualquier otro roce. Se trata de esa
línea que recorre el centro de su escroto de arriba abajo. Pero
también es verdad que es un punto tan sensible que hay hombres
que lo encuentran maravilloso y otros que ni locos se dejan
tocar. Así que experimenta de qué tipo es tu chico tocándole ahí
suavemente mientras le acaricias el pene durante los juegos
previos.
Si se pone tenso o deja de jadear está claro que has de parar.
Si, en cambio, le gusta, puedes lamerle en la zona donde el
escroto se une al cuerpo. Continúa deslizando la lengua hasta
llegar a la cabeza del pene y ya verás como en cuestión de
segundos tu chico estará directamente en el nirvana.
El
punto 0
Según los textos tántricos un ligero masaje en la rabadilla
despierta el "kundalini" o energía sexual. En la base de la
columna vertebral hay una pequeña protuberancia repleta de
terminaciones nerviosas conectadas directamente con los
genitales, igualito que el G. Por eso, acariciar esta zona es
una buena manera de estimularle.
Dile que se tumbe boca abajo, coloca los pulgares sobre el punto
O y muévelos en círculos pequeños. Después, bésale o lámele
sobre el dibujo de la columna vertebral mientras continúas
dándole ese intenso masaje en la parte baja de la espalda.
Presiona de forma constante y ve alternando los movimientos
firmes con otros más delicados. Cuando termines, te darás cuenta
de que su columna no es la única parte del cuerpo que está dura.