A la hora de la
intimidad el juego se convierte en una estrategia para evitar
caer en la rutina
Cynthia Flores
Rodríguez
Decía la nuera de Pitágoras que la mujer
que se acuesta con un hombre debe despojarse de la vergüenza al
mismo tiempo que de la túnica y retomarla al volverse a vestir.
La frase que data de los años 500 A.C. toma vigencia en una
sociedad que cada vez va perdiendo el miedo a explorar nuevas
técnicas de placer.

Una estudiante universitaria, acompañada de
su mejor amiga, no se sonrojó ni tartamudeó el lunes pasado al
preguntar en una tienda de juguetes sexuales por lo más erótico
al momento del encuentro íntimo. Tocó, comparó, inquirió y
compró.
Las tiendas fueron las primeras en perder
el temor y se ubicaron en centros comerciales, publicitando sus
productos con mensajes sugestivos.
En Sexy Stop, de Mall del Sol, las parejas se han convertido en
protagonistas. Atrás quedó la idea de que los juguetes son solo
para la satisfacción de una persona.
Ahora ambos entran en una exploración que se vuelve
interminable. “Es como cuando un niño compra un juguete, luego
de un tiempo se cansa y quiere otro”, cuenta Carmen Viteri,
propietaria del local.

La tarde del martes, una joven pareja entró decidida a Sexy
Productos en el centro comercial Paseo Alborada. Ella, con su
mentón colocado en el hombro derecho de su pareja, observaba los
juguetes. Entre abrazos y susurros escogían, tocaban,
preguntaban...
Pasaron 42 minutos para que tomaran la
decisión: llevar un vibrador de 50 dólares y un lubricante para
la penetración anal. Minutos antes, la mirada de la joven estuvo
puesta en unas esposas con un látigo, pero él las tomó, sonrió y
volvió a colocarlas en la percha.
No salieron tomados de la mano. Tampoco llevaron el producto en
la caja sino en una funda negra en la que lo colocó Imac Rosero,
la gerenta propietaria del local. Pero no siempre es así,
reconoce. Algunos no tienen vergüenza, van directo a lo que
quieren y salen con su caja.
En el mercado local, los juguetes más vendidos son los
vibradores, en todas sus variedades. Al hombre le gusta mirar
cómo se excita su pareja y una vez que logra su cometido, entra
en acción.
La oferta de juguetes sexuales parece interminable, llena de
colores, novedades y aventuras.
Hace una década lo máximo que se conocía en esta línea eran los
vibradores en forma de pene, de color carne y hechos de caucho,
que luego fueron cambiando hasta tener un material gelatinoso y
que viene en colores como lila, rojo, celeste o azul. Pero en
esa evolución llegó lo más parecido a un miembro viril, con lo
que se conoce en el mercado como una piel cibernética
ultrarrealista (ciberskin), similar a la humana.
El anillo también está en el ‘top’ de las ventas. Al colocarlo
en el pene no solo mantiene la erección en el hombre sino que
con el vibrador aumenta el placer en la mujer pues es un
sensibilizador directo para el clítoris. Algunos aparatos tienen
doble vibración. En este caso el motor de la parte inferior
sirve para estimular los testículos en el hombre.

Ahora los juguetes sexuales no tienen un solo uso. La moda es
que tengan varias utilidades y que sirvan para la pareja.
Hay de todo, hasta los muñecos y muñecas inflables. Ambos vienen
con vibrador incluido, pero las segundas han llegado a tal
sofisticación que no solo tienen la forma exacta de una mujer y
con material similar a la piel, sino que traen un CD que permite
simular que “ella” está diciendo frases eróticas. Su precio
bordea los 1.200 dólares, según Bolney Feijóo, administrador de
American Sex.
Vaginas con vibración, incluso con moldes de artistas famosas,
son parte de lo novedoso del mundo del juego sexual, pasando por
un vibrador de la lengua para realizar el sexo oral y por la
ropa interior comestible, hasta llegar a un singular columpio
detrás de la puerta.
Dicen compradores y clientes que a la hora de ponerse cariñosos
todo es válido, mientras vuele la imaginación y el resultado sea
llegar al clímax.

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