| El sexo oral por muy trasgresor que pueda
parecerle a algunas personas es tan antiguo como el
ser humano. Para algunas es la manera más placentera
de practicar sexo; otras no lo soportan, algunas ni
se lo plantean. Nosotros
vamos a hacer
algunas recomendaciones para que el sexo oral se
convierta en una posibilidad realmente gustosa.
Hoy nos centraremos en lo que técnicamente se llama cunnilingus. La palabra viene del latín cunnus: cuña o vulva, y lingus: lengua; relación de la lengua con la vulva. Se trata dos partes del cuerpo muy sensibles; por lo que en teoría, si no existen interferencias mentales, ni bloqueos, el contacto podría ser muy grato. Aunque no podemos dejar de lado que nuestros mapas de amor —como bien explicó John Money en su teoría sobre cómo se construyen nuestras preferencias eróticas— tienen un claro componente social. Y todos sabemos que esa parte del cuerpo, la vulva, siempre se ha relacionado con sucias excreciones. Así, para algunas personas, no es fácil llegar a esta práctica erótica, perdiéndose una clara posibilidad de placer. En el sexo oral es muy importante tantear el terreno. No ir directamente al grano, esperar que el nivel de excitación vaya creciendo. Empezar acariciando la zona del ombligo —ojo a algunas personas tampoco les gusta mucho que le toquen en esa zona—. Es muy importante ir besando la zona del vientre, con esos besos calientes, que hacen suben la temperatura, chupar, pasar la lengua… Es necesario estar cómodos y que ella esté cómoda.
Las piernas tienen que estar bien abiertas para que no te sientas agobiado; antes de centrarte en la vulva, explora, la cara interna de los muslos, el pubis, las inglés… El clítoris es la zona más sensible, por lo que debes tener especial cuidado al entrar en contacto con él, rodéalo con la lengua, bésalo, succiónalo, pero no te pases con la presión y nada de mordisquear, salvo que ella lo pida expresamente; en esa zona podrías hacerle daño. Las manos no las dejes quietas,
acaricia su cuerpo, recórrelo, suavemente o más
apasionadamente, según el ritmo de la boca. Mientras
que acaricias el clítoris con la lengua,
puedes acariciar con los dedos la zona de entrada de
la vagina, que es muy sensible; incluso
introducir algún dedo, esto puede ser grato a
algunas mujeres, a otras no les gusta que les
introduzcan nada mientras les realizan un
cunnilingus. Tendrás que ir explorando y
comentando con ella sus preferencias.
Déjate llevar y explora sus texturas en sintonía con
sus respuestas.
Otra cuestión que tienes que tener en cuenta es que algunas mujeres cuando llegan al orgasmo, no soportan que las sigan tocando y necesitan un periodo de reposo. Es lo que se llama periodo refractario. Algunas lo tienen más marcado y les resulta demasiado intensa la sensación de seguir notando el contacto, sobre todo en el clítoris —como les pasa a la mayoría de los hombres cuando se corren—; a otras, aunque hayan orgasmado, no les importa que les sigan acariciando. Tienes que estar atento y ver como responde. Lo mejor es dejar que orgasme tranquila, abrazarla y besarla, ese tipo de contacto lo agradece y aprecia después del orgasmo.
Y por último, aunque tendría que figurar en
primer lugar, está la consideración a la
higiene. Cuestión clave para estar
realmente cómodos. A algunas personas les gustan los
efluvios sexuales intensos, pero la mayoría
prefieren que la zona este limpia. Muchas mujeres
comentan en consulta que se sienten inseguras por si
no están bastante limpias. Agua y jabón es
suficiente. Tampoco hay que exagerar,
afortunadamente somos un país de usuarios del bidé y
con el lavado diario es suficiente. Otra posibilidad
es tomar juntos una ducha previa: la ducha se puede
convertir en un excelente preámbulo erótico.
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