La mujer por muchos años –y desafortunadamente en algunos
lugares todavía— fue criada y educada para “servir, complacer y
estar dispuesta a los deseos de sus compañeros”, dejando de lado
su satisfacción emocional, física y psicológica. La mujer era un
objeto más para el hombre, era un receptáculo de espermas.
Afortunadamente, y gracias a las luchas femeninas, tanto hombres
como mujeres han comenzado a tomar conciencia de que la mujer es
también parte fundamental en la vida sexual de una pareja.
Los antiguos maestros chinos se guiaban por la doctrina del Tao
del amor, donde lo más importante era buscar ese equilibrio con
el entorno, y dicho equilibrio era conseguido a través de las
relaciones sexuales.
Los maestros del Tao señalaban que la relación tenía que ser
satisfactoria para ambos miembros de la pareja, ya que así se
podría lograr una mejor salud tanto física como espiritual,
además de que ayudaba a que las personas vivieran más años y su
vida sexual se prolongara casi hasta su misma muerte.
En esta ideología lo más importante era la satisfacción de la
mujer y evitar en sumo la perdida del llamado chin (semen), el
hombre tenía que evitar eyacular en todos sus encuentros
sexuales, esto lo hacía mejor amante y sobre todo no perdía
energía, lo cual le ayudaba a llegar a la longevidad y estar en
equilibrio con su entorno.
Mujeres insatisfechas
Desafortunadamente las cosas en el mundo occidental distan mucho
de parecerse a las ideas de la antigua China. Pero lo que si se
puede hacer es aprender a explorar el cuerpo y las zonas más
sensibles del cuerpo femenino.
Las féminas comienzan a tener más libertad para hablar y
practicar el sexo, los mitos que existen alrededor de la
virginidad están quedando en el pasado –aunque no del todo—.
Para encontrar esas delicadas zonas corporales la mujer debe
conocer en qué lugar es donde una caricia, un golpe, una
fricción o un apretón le hace sentir excitación. Y esto lo puede
hacer sola o en pareja.
El autoerotismo y la masturbación son dos elementos que la mujer
puede poner en práctica para conocer los puntos más sensitivos
de su piel. Lo más importante es recordar que no es necesario
estar desnudas para hacerlo, también a través de la ropa se
pueden estimular algunas áreas.
¿Qué es una zona erógena?
Como se mencionó en la entrega anterior (zonas erógenas del
hombre). Se dice que el órgano sexual más grande que tiene el
ser humano es la piel, y en ella ciertas partes son altamente
sensitivas, es a estas áreas a las que se denomina como zonas
erógenas.
Son tan sensibles gracias a que es justo ahí donde existe una
red de terminaciones nerviosas sensitivas que reaccionan ante
cualquier estímulo, sobre todo táctil. Y es justamente su
sensibilidad lo que las hace una región digna y merecedora de
ser explorada.
Los puntos del templo femenino
La mujer es muy receptiva, sin embargo en muchas ocasiones por
su formación familiar, no se atreve o se deja llevar por sus
sentidos y pone barreras para la estimulación. Podríamos decir
que prácticamente todo el cuerpo femenino puede ser erógeno:
El rostro femenino es un área que debe ser estimulada sutil y
tiernamente para obtener mejores resultados. No se debe olvidar
la nuca, las sienes, lo párpados, las mejillas, la zona de las
cejas, los bordes de la nariz; pero sobre todo la boca y los
labios, estos últimos pueden ser explorados tanto con las yemas
de los dedos como con la boca (besos). Recordemos que el beso es
la primera muestra de atracción. Casi todo el rostro es
sensible.
El cabello o mejor dicho, el cuero cabelludo es un lugar que
sensibiliza a cualquier mujer, tocar su cabello desde la raíz,
su cabeza, y sobre todo la parte que está cerca del cuello
posterior –justo donde termina la salida del cabello— si se sabe
estimular la mujer estallará de placer.
Las orejas son muy sensibles, pero hay que procurar tratarlas
con suavidad, ya que el oído es muy delicado y un ruido fuerte
puede provocar molestia más que excitación. Intercala
mordisqueos y succiones en lóbulos y arco y no detendrás a la
chica.
El cuello es la zona que permitirá saber al hombre –o mujer,
depende de los gustos— si la fémina permitirá que su cuerpo sea
explorado más a fondo. El cuello es la entrada a la intimidad y
ese es un punto muy estratégico que debe ser tratado con
respeto.
Las extremidades tanto superiores, como inferiores son altamente
sensitivas. Desde las axilas hasta la palma de las manos son
lugares ricos en terminaciones nerviosas, al igual que los
muslos, sobre todo en su parte interior, las pantorrillas, las
rodillas en sus 360 grados totales y la planta de los pies.
La espalda y los hombros femeninos son lugares enigmáticos y
misteriosos, qué tal un masaje, o los besos suaves, las
caricias, apretones, rasguños, entre otras cosas más pueden
resultar muy placenteros para las damas.
Los senos son puntos erógenos en alto grado y desempeñan un
papel importante en la vida sexual femenina; succiones,
mordiscos, lamidos, pequeños golpes, pellizcos o presiones
suaves originan que los pezones se pongan erectos y que la mujer
se excite en demasía. Se debe tener cuidado con la estimulación
de esta zona, ya que es una de las más frágiles y delicadas de
la geografía femenina.
El ano es un área rica en terminaciones nerviosas que lo
convierte en un punto clave para la estimulación erótica.
Rodeado por las nalgas, las cuales pueden ser estimuladas con
roces, caricias, fricciones, golpes, y demás cosas que a la
mente se le ocurran.
El perineo, localizado entre el ano y la vagina, es una zona muy
sensible que al ser estimulada provoca que la mujer sienta
deseos por no detenerse ante sus instintos sexuales.
La vulva, formada por los labios mayores y menores que son en
extremo ricos en terminaciones nerviosas. Ésta puede ser
erotizada tanto por dedos, labios, lengua, pene, juguetes o
algún otro objeto –siempre y cuando la chica esté de acuerdo—.
El clítoris es quizás la zona sexual más delicada y sensitiva de
la mujer, además de que es relativamente sencillo estimularlo,
lo cual tiene que ser poco a poco comenzando con una intensidad
baja y con algo de lubricación para no provocar roces, hasta que
los movimientos puedan irse haciendo más y más rápidos. Al igual
que la vulva puede hacerse con boca, lengua, dedos, pene,
etcétera.
La vagina es esa parte interior que está justo después de
rebasar los pliegues internos; sus primeros cinco centímetros
son los únicos que tienen sensibilidad, o sea que no hay que
preocuparse por estar bien dotado, sino por saber mover y hacer
el asunto. Si se sabe buscar bien, a través de la vagina se
puede localizar el lugar interno más sensible de la mujer, el
famoso punto G.
Tampoco hay que olvidar zonas como caderas, axilas, ingles,
ombligo, zona púbica, el bajo abdomen y la parte inferior de la
espalda. Pero sobre todo hay que recordar que la excitación
femenina es mucho más lenta que la del hombre, así es que las
cosas no deben ir tan rápido, ni se debe ser tan grotesco en los
movimientos, caricias y golpeteos; todo debe de ir subiendo poco
a poco de ritmo.
La estimulación a una fémina debe de ser como la música clásica
donde los acordes son en un principio calmados y poco a poco
suben de intensidad, hasta que la música nos ha sumergido un una
serie de notas y ritmos interminables y absorbedores